Lo que empezó como un proyecto terminó convertido en un gimnasio para estudiantes y vecinos de colegio
Una práctica de aprendices del SENA pasó de un kiosco a un gimnasio de unos 170 metros cuadrados en La Sagrada Familia. La obra busca servir a estudiantes, exalumnos y comunidad y ahora necesita equipos para su dotación.
La estructura en guadua del futuro gimnasio de la Institución Educativa La Sagrada Familia fue construida con participación de aprendices de un programa técnico del SENA y busca prestar servicio a estudiantes y comunidad de Palestina.
Una práctica de estudiantes del SENA pasó de la propuesta de construir un kiosco a una estructura de 170 metros cuadrados para un gimnasio. El proyecto busca servir a alumnos, exalumnos y habitantes de Palestina. Tenacidad.
Lo que comenzó como una propuesta para levantar un kiosco en la Institución Educativa La Sagrada Familia, de Palestina (Caldas), tomó un rumbo distinto cuando el rector Roberto Gil Carvajal planteó un reto mayor: utilizar el trabajo de campo de un grupo de aprendices para iniciar la construcción de un espacio destinado a funcionar como gimnasio.
La idea pasó de una práctica académica a una obra de aproximadamente 170 metros cuadrados, elaborada con una estructura en guadua y pensada no solo para los estudiantes del colegio, sino también para exalumnos y habitantes del municipio.
En el proceso se unieron el conocimiento técnico, el trabajo voluntario y la gestión comunitaria. El grupo estaba formado por estudiantes del técnico Construcción y reparación en bambú del SENA, liderados por Luis Eduardo Díaz Gaviria. La iniciativa surgió como parte del cumplimiento de las horas de práctica o trabajo de campo.
“Queríamos dejarle algo real a la comunidad. Pasar de la teoría a una obra útil que beneficie a los estudiantes y a los vecinos”, expresó Díaz Gaviria, según el relato suministrado para este ejercicio de Periodismo Escolar.
El rector vio en esa propuesta la posibilidad de materializar un proyecto que ya tenía en mente: dejarle a la institución un gimnasio antes de su retiro.
Del kiosco al gimnasio
La propuesta inicial de los aprendices contemplaba construir un kiosco. El rector les planteó entonces utilizar sus conocimientos para levantar la estructura de lo que sería un futuro gimnasio de la institución.
El cambio convirtió la práctica en un reto mayor. No se trataba únicamente de cumplir unas horas de formación. La obra tendría que responder a las condiciones particulares del terreno y quedar preparada para prestar un servicio permanente a la comunidad educativa.
La ubicación también impuso dificultades. El terreno es descrito como empinado e inestable, situación que obligó a aplicar soluciones para garantizar la estabilidad de la estructura.
De acuerdo con el relato escolar, el rector, quien aparece como coformador del proyecto y director de la obra, orientó a los aprendices en la técnica de hincado de pilotes para estabilizar el suelo. A este conocimiento se sumó la experiencia de Luis Eduardo Díaz Gaviria en el manejo y curado de la guadua.
“Zapatos y sombrero” para la guadua
Díaz Gaviria utiliza una expresión sencilla para explicar los cuidados que requiere este material. Según él, la guadua necesita “zapatos y sombrero”. Los “zapatos” corresponden a bases o pilotes sólidos que evitan que la guadua permanezca en contacto directo con la humedad del terreno. El “sombrero” es un techo amplio que la protege de la lluvia.
La explicación resume una parte de la técnica empleada durante la construcción y también se convirtió en una forma de transmitir conocimientos a los aprendices. El proyecto combina así los contenidos vistos durante la formación con el aprendizaje práctico en el terreno.
Piedra, pilotes, guadua y cubierta hacen parte de una construcción que nació como ejercicio académico y que busca permanecer al servicio de la población. Los materiales utilizados hasta esta etapa fueron obtenidos mediante la gestión del rector y aportes externos. La Alcaldía de Palestina contribuyó con una donación destinada al techo.
Siete continuaron
En el programa técnico se inscribieron inicialmente 16 personas. Cuando finalizaron las prácticas, el 2 de julio, 14 habían culminado satisfactoriamente el proceso.
El trabajo, sin embargo, no terminó allí. De ese grupo, siete personas decidieron continuar vinculadas a la construcción para avanzar en la entrega de la estructura.
Lo hicieron sin esperar una remuneración económica ya que su principal retribución fue participar en una obra destinada a la comunidad. Ese compromiso permitió que la construcción continuara aun después de cumplirse la etapa formal de prácticas.
Un gimnasio contra el sedentarismo
El proyecto también responde a una inquietud del rector sobre el uso del tiempo libre de los estudiantes. La Institución Educativa La Sagrada Familia mantiene sus aulas libres de teléfonos móviles durante las clases, según el texto suministrado.
El rector relaciona esta política con los resultados obtenidos por la institución en pruebas externas. A esa medida suma una preocupación personal: ofrecer alternativas para que los jóvenes aprovechen la jornada contraria y otros espacios fuera de clase.
“¿Qué cosas pueden hacer los muchachos en contrajornada o dentro de las mismas clases?”, es la pregunta que se planteó el directivo. La respuesta encontró forma en el gimnasio.
La intención es que el lugar funcione en las mañanas para los estudiantes del colegio y que en las tardes pueda ser utilizado también por exalumnos y comunidad en general. El proyecto busca ofrecer un espacio donde los jóvenes puedan orientar su energía hacia la actividad física y utilizar su tiempo fuera del horario escolar.

El lote requirió intervención, lo que hizo más dispendiosa la labor.
Potencial para varias disciplinas
El rector considera que entre los jóvenes de Palestina existe potencial para disciplinas como el levantamiento de pesas y el ciclismo.
Para sustentar esa percepción recuerda antecedentes de estudiantes que han recibido reconocimientos en ámbitos municipales y departamentales.
El gimnasio permitiría fortalecer esas posibilidades y ampliar las actividades disponibles dentro de la institución. La obra física, sin embargo, es apenas una parte del proyecto. Una vez concluida la construcción, será necesario dotar el espacio.
Ahora faltan los equipos
Con la planta física prevista para finalizar a finales de octubre, según el texto original, el proyecto entra en la etapa de equipamiento. El rector hace un llamado a exalumnos, empresarios y ciudadanos para conseguir los elementos necesarios.
Entre los equipos que se esperan están bicicletas estáticas, máquinas de fuerza, mancuernas y barras. La intención es que las donaciones permitan completar un gimnasio que no quede limitado a una estructura vacía.
La convocatoria busca involucrar a más habitantes de Palestina y extender el carácter comunitario con el que nació la iniciativa. Hasta ahora, la construcción combina aportes técnicos, trabajo de aprendices, gestión institucional y apoyo público.
Una obra antes del retiro
El proyecto tiene un significado particular para Roberto Gil Carvajal. El rector se encuentra próximo a retirarse y plantea el gimnasio como parte del legado que quiere dejar a una institución en la que ha trabajado durante años.
Su idea es entregar un espacio útil y permanente para las nuevas generaciones. En esa tarea encontró el acompañamiento de Díaz Gaviria y del grupo de aprendices.
La iniciativa muestra cómo una necesidad escolar puede convertirse en un proyecto más amplio cuando varias personas aportan conocimientos y trabajo. Los aprendices llevaron a la práctica lo aprendido en el programa técnico.
Díaz Gaviria aportó su experiencia con la guadua. El rector dirigió parte del proceso y gestionó recursos. La Alcaldía contribuyó con el techo. Y siete integrantes del grupo continuaron trabajando aun después de terminar las prácticas.
Aprender haciendo
El gimnasio también se convirtió en escenario de formación. Los participantes tuvieron que responder a las dificultades de un terreno con pendiente, aplicar técnicas para estabilizarlo y aprender a proteger correctamente la guadua.
En lugar de desarrollar un ejercicio aislado, trabajaron en una estructura que deberá ser utilizada por otras personas. Ese cambio amplió el alcance de la experiencia. La práctica académica quedó vinculada con una necesidad concreta de la comunidad.
La obra también refleja la intención de utilizar materiales como la guadua dentro de construcciones que requieren conocimiento y tratamiento adecuado. La expresión “zapatos y sombrero” resume parte de ese aprendizaje que pasó del conocimiento técnico a una explicación cercana.


