Bernardo Mejía Prieto
– 2026-03-23
El edificio de la escuela Juan XXIII fue construido entre 1912 y 1913 con el propósito de que allí funcionara el Instituto Universitario de Caldas, marcando el inicio de la educación superior en la ciudad. Es importante destacar que en sus aulas también se formaron las primeras promociones de bachilleres de la región. Este emblemático establecimiento educativo funcionó en dicha sede hasta 1962, año en que se trasladó a sus instalaciones actuales.
En ese momento, la edificación pasó a manos del municipio y fue rebautizada como “Concentración Escolar Juan XXIII”, en homenaje al “papa Bueno”. La institución prestó sus servicios hasta principios de este siglo, cuando debió ser evacuada debido al precario estado en que se encontraba su estructura.
Con 5.000 metros cuadrados, esta es la construcción en bahareque más grande de Latinoamérica. Su reforzamiento actual obedece al cumplimiento de una acción popular que falló en contra del Municipio y del Ministerio de Cultura, ordenándoles encargarse, por partes iguales, de la recuperación integral del edificio. Tras años de gestiones, en el 2019 se aprobó la licencia de construcción y los trabajos iniciaron en el 2020, bajo la Administración de Carlos Mario Marín.
Recuperar el edificio ha sido una tarea titánica, especialmente porque debe conservarse fielmente la tipología arquitectónica de la época. Para entender la complejidad técnica de las obras, basta mencionar que, debido a las condiciones de la cimentación y para evitar su desplome, el reforzamiento del sector central se realizó de arriba hacia abajo.
En la totalidad de la edificación se ha respetado el sistema constructivo existente: tres pisos en bahareque encementado, sistema consiste en diafragmas compuestos por marcos en madera y elementos verticales en guadua rolliza; las paredes se componen de esterilla de guadua en cada lado y pañete de argamasa, combinados con tecnologías actuales como el sistema de reforzamiento en madera estructural, en cumplimiento de las normativas vigentes. Además, la madera ha sido sometida a rigurosos procesos de inmunización para garantizar una mayor vida útil.
La Administración de Jorge Eduardo Rojas, que dio continuidad a las obras, espera entregar y poner en funcionamiento antes de terminar su periodo los 700 metros cuadrados del sector occidental (vecino a Fundadores). La Alcaldía estableció como tope de sus inversiones $40 mil millones, esperando que la Nación cumpla el fallo judicial y aporte los recursos que le faltan por disponer para terminar el sector oriental, el cual ya tiene las fachadas y la cubierta reforzadas.
El futuro del edificio es prometedor: se proyecta que allí funcione la Secretaría de Cultura de Manizales, la Biblioteca Pública Municipal y diversos espacios para talleres de artes, danza y pintura. La Juan XXIII es, quizás, el edificio histórico más importante de la ciudad y justifica plenamente el esfuerzo económico y técnico realizado. Sin embargo, el Municipio queda con una enorme responsabilidad.
Para el sector público, lo más sencillo suele ser construir una obra, sin importar la cuantía; lo verdaderamente difícil es garantizar su sostenimiento y mantenimiento. La vulnerabilidad del edificio, dada la naturaleza de sus materiales frente al riesgo de incendio -para lo cual se instaló una moderna red contra incendios- y la acción del comején, exigirá una atención constante. Asimismo, por su tamaño, el funcionamiento del edificio requerirá una partida presupuestal permanente e importante para atender los pagos de vigilancia, servicios públicos y el mantenimiento técnico que evite que el edificio vuelva a caer en el olvido.
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