Studio MK27, Jungle House en Guarujá (Brasil)

Como si fuera una cabaña para beaux sauvages posmodernos, la Jungle House brota en el claro de un bosque húmedo de la región brasileña de São Paulo. Sin embargo, la abrupta topografía y la densa vegetación, que podrían haber sido fuente de metáforas fáciles, no determinan la forma de la casa, cuyas rigurosas plantas rectangulares establecen con el entorno relaciones sutiles, basadas menos en la imitación que en el contraste. El edificio dialoga con los árboles a través de las vistas enmarcadas entre lAs losas de hormigón armado liso que conforman la sección, y también mediante la incorporación de materiales orgánicos como la madera, y de vegetación tanto en la cubierta como en los espacios interiores. Por lo demás, la casa se ha organizado con claridad, repartiendo el programa en tres plantas: la superior cobija las zonas comunes, incluida una piscina; la intermedia, seis generosas habitaciones muy permeables al exterior; y la baja, ya en contacto con el suelo, un espacio de juegos, una zona estancial y una poderosa caja de escalera donde se ubica una instalación luminosa del artista Olafur Eliasson.

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El líder sin cargo

La receta del líder sin cargo es la de un ser humano que después de entender sus talentos, descubre que no se necesita ser parte de la jerarquía con poder para aportar un grano de arena a este mundo por mejorar.

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Pablo Londoño, columnista online

por Pablo Londoño

Acabo de terminar El líder sin cargo libro de Robin Sharma que al igual que su primera obra, El monje que vendió su Ferrari, ha sido de nuevo un completo exito en ventas. No estamos ni mucho menos frente a una gran obra literaria. Los libros de Sharma no tienen la pretensión de serlo, pero tienen para este mundo complejo y enredado en el que todos nos azotamos constantemente, una inmensa practicidad y un mensaje que sin duda deja elementos de reflexión.

Los libros de autoayuda tienen esa fórmula que por momentos nos llevan de nuevo a la literatura piscinera tipo Corín Tellado. Su estructura, las más de las veces novelada, logra enganchar al lector desde el inicio proponiendo temáticas que a todos nos tocan, y que a todos aplica como que habla de la vida misma con situaciones que por genéricas nos permite identificarnos.

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Caen frecuentemente eso sí, en soltar como receta de cocina fórmulas precisas y simplistas como pócima mágica y definitiva: Las 5 maneras para dejar de fumar, Los 10 principios de la felicidad, Los 7 alimentos esenciales de la dieta balanceada, o Los 5 principios claves de la vida en pareja. Todos bien intensionados seguramente, pero carentes por completo de sustento científico, titulados, eso sí de tal manera, que garantizan de antemano su éxito y que hacen parecer a sus autores como grandes gurús en su tema.

El libro de Sharma cae a mi juicio un poco en ese error. Lo hace de manera inteligente, interpuesta persona, creando personajes, (4 gurús en este caso) que a través de acrónimos dictan la receta del liderazgo y de paso de la realización personal. No se aleja de las recetas y nos deja con cerca de 25 puntos (no está fácil) que hay que ejercitar para dejar nuestra huella en el universo.

Independientemente de sus pretensiones, es su reflexión alrededor de una realidad, esa sí común en nuestro planeta, la que una vez más da en el clavo. Sharma habla de la infelicidad del ser humano, del vacío del profesional, del tedio del oficinista del común, del desespero en general de un ser humano que odia su forma de subsistencia.

En esto como sociedad hemos progresado poco a pesar de las conquistas laborales que mejoran sin duda las condiciones de subsistencia. El modelo de producción sigue siendo de alguna manera masivo con un ser humano que navega en estructuras diseñadas para perder poco a poco su individualidad y de la mano de ésta sus sueños.

Nuestras estructuras organizacionales tienen diseños anacrónicos que recogen de las fuerzas militares, de la iglesia y del sistema educativo modelos que premian en pleno siglo 21 la jerarquía y con ellos valores mal entendidos que desdibujan la individualidad. Nuestro modelo educativo sobre todo, recoge desde el discurso el valor del talento personal, pero sigue educando en masa con esquemas diseñados hace más de un siglo que se enfocan en darnos acceso a un mar de conocimientos sin detenerse en los talentos individuales.

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Lo paradójico es que al mismo tiempo idolatramos como sociedad a los rebeldes. Aquellos que se salen del molde. Esos pocos que luchan contra un modelo de masas y que las más de las veces a punta de talento, de disciplina y por supuesto de carácter prueban una y otra vez que en la individualidad reside la esencia, si se quiere la divinidad del ser humano.

Salirse del molde esta probando ser una receta lógica que en el largo plazo entrega más réditos. La esperanza parecería recaer en lograr comprender que la conexión real, el placer, el disfrute pleno y la realización residen en la conexión íntima con uno mismo. En desmarcarse, no en parecerse.

Creo que hoy como nunca en la historia, aquí se abre una luz de esperanza y en este sentido Sharma llega al punto central. Su fórmula secreta no está en la aceptación de un destino predeterminado sino que parte del autoconocimiento, de la potencia de los que se descubren únicos y tienen la fortaleza personal de luchar por defenderla.

La receta del líder sin cargo es la de un ser humano que después de entender sus talentos, descubre que no se necesita ser parte de la jerarquía con poder para aportar un grano de arena a este mundo por mejorar. El líder de Sharma se enamora de sí mismo, de sus capacidades, y desde ahí sale a recrearse haciendo lo que más le gusta, no lo que le dictan los parámetros sociales.

El libro vale la pena y es perfecto para estos días de asueto en que por distintas razones tenemos espacio para reflexionar. Termina con un valor que siempre le hemos asignado a los hombres grandes: la valentía.

Detrás de cualquier decisión radical, aquellos que han logrado la plenitud, parecieran tienen con elemento en común una vocación inalterable por defender frente a cualquiera su decisión de vivir de acuerdo a sus sueños. Esa valentía los ha hecho grandes pero es castigada en un mundo que sigue navegando en la comodidad de manejar masas y que se enreda cuando aparecen aquellos que se rebelan y deciden vivir desde la coherencia de dejar su huella.

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Los cuatro secretos de los ricos

La pregunta de por qué los ricos son ricos es literalmente la pregunta del millón de dólares. Sin embargo al analizar varios estudios sobre el caso, es evidente varios factores que son el común denominador entre las personas más adineradas en este mundo, además de ser principios que se han cumplido por el transcurso de la historia.

Estados Unidos reúne actualmente el mayor número de personas ricas, con más de 6.15 millones de personas con un patrimonio mayor a US$1 millón en activos invertibles, además de su casa. Esto equivale al 5% de la población. Asimismo sólo el 1% de la población genera más de $380,000 al año, es decir, la gran minoría.

Para mala noticia de muchos, ganarse la lotería o invertir en pirámides financieras están lejos de ser el común denominador entre los multimillonarios del Estados Unidos y el mundo. Por el contrario, las personas ricas han entendido que el dinero per se no es lo que los hace ricos, sino más bien la inteligencia y la sabiduría son los que les permiten la generación de riqueza.

La fórmula mágica

Al igual que nuestro cuidado personal, la generación de riqueza tiene mucho que ver con nuestra actitud y disciplina. De nada nos sirve saber toda la teoría sobre cómo reducir de peso sin aplicarla. De la misma forma, aplicar los principios básicos de una buena administración de dinero es lo que les ha permitido a los ricos lograr la prosperidad.

Los ricos compran activos y pasivos. Me gusta el concepto que Robert Kiyosaki, autor de “Padre Rico, Padre Pobre”, le da a los activos y pasivos. Un activo es un bien que pone dinero en sus bolsillos, un pasivo es un bien que saca dinero de sus bolsillos. Por ejemplo, una casa donde usted vive es un pasivo, una casa que usted compra para rentar es un activo. Debemos concentrarnos en comprar activos que generen flujo de dinero, como propiedades para renta, un negocio, acciones, bonos u otros tipo de activos financieros, y no bienes que lo único que nos generan son gastos.

Las personas adineradas le “sacan el jugo” a una oportunidad. Recuerde que más vale estar en el lugar y tiempo correcto. Los millonarios en algún momento la “sacaron del estadio” trabajando arduamente aprovechando una tendencia, como vimos en Latinoamerica muchos latinos se volvieron millonarios con el boom de commodities a principios del 2000 gracias al despegue de China y con eso el mayor consumo de materias primas de la región. Igualmente ha sido el caso para varios en los diferentes sectores o industrias, que aprovechan un buen momento para generar réditos suficientes para invertirlos el resto de su vida.

La simplicidad y el control milimétrico de gastos es factor fundamental en los ricos. Infortunadamente se cree erróneamente que el millonario promedio luce como un “Tio Rico”, con yates, mansiones, autos flamantes y usando la ropa y joyas más costosas. No obstante en Estados Unidos el millonario promedio vive en una casa en un barrio promedio, compra automóviles con dos años de uso, y compra ropa en almacenes de cadena (no en las boutiques más exclusivas). Los ricos le dan un valor altísimo a cada dólar que entra a sus arcas y hacen lo posible para que no vuelva a salir.

Finalmente, la generosidad es una realidad dentro del común denominador. Los judíos son la sociedad religiosa más rica a nivel mundial, de los 400 más ricos en Estados Unidos, 25% son judíos, los cuales tienen el diezmo y la ofrenda como principio básico en su Ley como judíos. Para los grandes ricos el dar nunca es una consecuencia de recibir, sino que dar y recibir siempre deben estar ligados al mismo tiempo.

En conclusión, aunque el replicar estos principios para su vida no le garantizan el camino a ser millonario, por lo menos si le garantizan tener una vida más próspera en el largo plazo.

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