UNA VIVIENDA AL ESTILO SIMON VELEZ

Arquitectura debe ser vegetariana

Simón Vélez se prepara para construir viviendas de interés social en guadua, resistentes y estéticas.

POR LILLIANA VÉLEZ DE RESTREPO | Publicado el 19 de agosto de 2013


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"Yo no soy ecologista, el planeta no se va a acabar mañana, y el cambio climático no es culpa del hombre. Eso es un cuento de charlatanes. Los dinosaurios se acabaron y no fue el hombre. El planeta es un elemento vivo, el daño que hace el hombre no lo hace al planeta sino a sí mismo".

Así piensa Simón Vélez Jaramillo, el arquitecto manizalita que aunque no ha sido profeta en su tierra, tiene un nombre ganado en el ámbito internacional, donde se le reconoce y ha sido premiado por su invaluable aporte a la arquitectura sostenible, como lo confirman sus obras en China, Alemania, México, Brasil, Panamá, Francia, Italia, India y, por supuesto, Colombia.

Lleva más de 40 años trabajando con guadua, conocida como el acero vegetal, realizando viviendas, edificios, estructuras y puentes, estos últimos los que más le gusta hacer. Viaja de un lado a otro, inaugurando obras y exposiciones y dictando talleres y conferencias. Pero ahora quiere darle un vuelco a su vida.

"Ahora me quiero dedicar al tema de vivienda de interés social, pero a mi manera. Quiero demostrar que se pueden hacer viviendas buenas, bonitas y baratas. Estoy empeñado en eso", precisa.

Explica entonces que son estructuras mixtas de guadua laminada, -"son el futuro de la guadua"-, con concreto y acero, "una combinación de todas las fuerzas de lucha, como dirían los comunistas", anota el arquitecto.

Simón no se cansa de promover entre la gente que la arquitectura tiene que ser un poco más vegetariana, "porque se ha vuelto demasiado concretera, mineralista, y eso es un abuso innecesario. Es como ser cocinero. Cuando uno cocina no puede ser solo cocinero de espárragos o de arroz, hay que combinar proteína animal y vegetal, y harinas. En la arquitectura es lo mismo: hay que tener ingredientes minerales como el concreto y el acero, y vegetales como las maderas o la guadua".

Señala que no tiene nada en contra del concreto, pero que hace falta un mayor equilibrio. "Nos falta integrar la agricultura con la industria de la construcción, un renglón también muy importante en la economía".

Según explica el ingeniero José Oscar Jaramillo, de la Universidad Nacional, sede Manizales, la guadua es una de las 500 especies conocidas de las Bambuseas, que crecen en todos los continentes, excepto en Europa. El 90 por ciento de ellas se encuentran en Asia y América.

El género americano guadua comprende cerca de 20 especies. En Colombia existen las especies guadua angustifolia y guadua latifolia. De la primera, que es la de más usos, se conocen en el Antiguo Caldas las variedades: guadua macana, guadua cebolla y guadua rayada. La guadua macana es la más empleada en la construcción.

Simón Vélez creó su propio sistema para unir los palos de guadua sin necesidad de elementos artificiales. Esto hace que sus obras sean menos costosas, no produzcan desechos tóxicos y conserven las propiedades naturales. Además, afirma de manera enfática que no es cierto que sea una especie en vía de extinción y que, al contrario, se debe fomentar su siembra.

Él lo tiene claro. Y mientras insiste en la importancia de fomentar el renglón forestal en Colombia vuelve a mirar a su alrededor para admirar, una vez más, la belleza de las orquídeas y flores que engalanan el Orquideorama, donde estuvo como jurado en la edición 20 de Orquídeas, Pájaros y Flores.

PROTAGONISTA

ASEGURÓ EL USO DE LA GUADUA

SIMÓN VÉLEZ JARAMILLO
Arquitecto

Nació en Manizales en 1949. Arquitecto de la Universidad de los Andes, en Bogotá. Ha dedicado la mayor parte de su vida a trabajar con guadua y su trabajo es reconocido en el mundo. Gracias a él se frenó un proyecto que pretendía excluir este material del código de construcción colombiano. Redactó la normativa que regula su uso.

EN DEFINITIVA

La guadua es hasta ahora un recurso poco utilizado para la construcción de viviendas de interés social. Flexibilidad y resistencia son algunas bondades de “el acero vegetal”.

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Diseño de Tense Arquitectos Network.

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CONCRETO PARA VIVIR
En un terreno no muy grande emerge esta residencia en donde unos bloques de concreto se convierten en el punto de referencia de la osada y moderna vivienda ubicada en la capital griega. Sus creadores el equipo de atenienses Tense Arquitectos Network.

La parte principal por donde se accede a la casa tenía que permanecer libre para que su estructura elevada se pudiera apreciar desde todos los ángulos sin que ningún elemento externo obstruyera su visibilidad ya que la idea era, precisamente, resaltar su auténtico diseño. Como el área del suelo no era lo suficientemente amplia y su dueño, un reconocido arquitecto griego, quería la mayor privacidad posible en las zonas de las habitaciones, los arquitectos resolvieron hacer los cuartos en el cubo de cemento que está suspendido a cuatro metros de altura permitiendo a la vez, que la superficie inferior donde está distribuída la zona social fuera mucho más generosa.

De esta estructura de cemento se sujeta una red de cables por donde comenzarán a trepar las plantas creando una enredadera que con el paso del tiempo generará un interesante contraste entre los materiales, el verde de la vegetación que irá cubriendo las paredes y el prisma. La luz también atraviesa por todo el centro de la caja de grandes ventanales de cristal llenando de vida el espacio social; estas ventanas corredizas se abren de lado a lado fusionando el jardín con el interior, en los ratos de mucho sol las cortinas se pueden entrecerrar creando un ambiente relajado, fluido y muy acogedor ideal para estar en buena compañía. Según Tilemachos Andrianopoulos, uno de los encargados de este proyecto, la sobriedad y austeridad del espacio superior genera un contraste intenso y fascinante en comparación con el espacio común que es abierto y cargado de vida mientras que el otro es íntimo, tranquilo y silencioso.

La luz del sol atraviesa el espacio de las escaleras creando una composición dramática de contrastes y juegos de sombras que mimetizan los tonos grises del mobiliario haciendo juego con el gris oscuro del concreto. Son muy pocos los acentos de color en esta vivienda. La sinergia entre el diseño estructural y arquitectónico se yuxtaponen con el entorno natural complementándose el uno con el otro para arrojar como resultado una casa equilibrada en sus espacios internos y externos.

Fotografías cortesía de Tense Arquitectos. Texto: Mariana Arango R

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Constructora Infiniski

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VANGUARDIA RENOVABLE
Unos contenedores y una fachada elaborada con pallets son los principales elementos de un vanguardista diseño autosostenible del estudio de arquitectura james&mau, integrado por un español y un colombiano.

Fundado en 2007 por el español Jaime Gaztelu González-Camino y el colombiano Mauricio Galeano Escobar, el Gabinete de Arquitectura James & Mau creó un año después un ambicioso proyecto. Se trata de la constructora Infiniski, que funciona en Chile y España y cuyo objetivo corresponde a la necesidad de cuidar el medio ambiente y gastar para ello el mínimo de recursos: crear inmuebles autosostenibles basados en sistemas arquitectónicos modulares hechos con materiales reciclados.

Según explican los arquitectos, se trata de “diseño bioclimáticos, reciclaje, reutilización y reducción de materiales de construcción, materiales y sistemas constructivos no contaminantes, utilización de energías renovables”. En efecto, Infiniski incorpora a sus proyectos de hogares verdes sistemas de energía renovable que van desde la energía geotérmica (la que se obtiene mediante el aprovechamiento del calor del interior de la Tierra), fotovoltaica (la que se obtiene a través de paneles fotovoltaicos que reciben la radiación solar) y eólica (la que se obtiene a través del viento o llamada también cinética al ser generada por efecto de las corrientes de aire). Además, también emplea vidrios termopanel que son altamente resistentes, por ejemplo a las granizadas, y excelentes aislantes del ruido exterior, así como también de las temperaturas. Y todo, con una clara postura ideológica: “No es por el cambio climático. Es porque nunca he sido capaz de dejar restos de comida en mi plato”.

La Casa Manifesto es uno de sus experimentos más exitosos en ese sentido, no sólo porque cumple con sus objetivos a cabalidad sino porque además lo hace consolidando un diseño arquitectónicamente vanguardista. Ubicada en lo alto de una colina en Curacavi (Chile), como si se tratara de una antigua fortaleza, su explicación es novedosa de entrada: su estructura consta de tres contenedores marítimos abandonados por alguna naviera y reutilizados ingeniosamente. Uno de ellos se dividió en dos partes y sirve como soporte de los dos contenedores de la planta superior, “conformando una estructura con forma de pórtico que crea un espacio inter-contenedores que genera una superficie extra en la que se dispuso la zona social, de manera que con sólo tres contenedores de 90m2 se consiguen 160m2: así se reduce cuantiosamente el uso de material. A su vez, el pórtico se desplaza ligeramente hacia un costado para crear un espacio exterior que se convierte en una terraza”, explica Galeano, graduado de la Universidad de Los Andes en 1996.

Otro de sus elementos vanguardistas es la fachada. Los arquitectos explican que “se utilizaron dos tipos de piel: una a base de lamas de madera horizontales fijas y otra de pallets móviles, que son unas pérgolas que se pueden abrir de manera individual para controlar la radiación solar. Esa piel es una ligera malla que se puede quitar y poner según la estación del año y sirve a la vez como acabado estético que se integra en su entorno rural”.

A través de esas pérgolas, la casa está abierta por los dos lados, cada uno de ellos con tratamientos diferentes: en un lado la disposición de los pallets es uniforme y mantiene su aspecto natural, mientras que en el otro se alternan en horizontal y perpendicular y están pintados de blanco. “Las pérgolas permiten controlar la entrada del sol directo a través de los ventanales. En el invierno se levantan al máximo para permitir la entrada del sol y generar un efecto invernadero en el interior. En verano se bajan más o menos dependiendo de la hora del día y de la temperatura exterior para un efecto de ventilación natural”, explican y añaden que “es como si la casa de vistiera y se desvistiera según el clima”.

En el interior, se aprecia la chapa metálica de los contenedores y una escalera en el centro de la casa que domina el espacio. En este punto es importante mencionar el cerramiento interior, conformado por un aislamiento de celulosa reciclada y acabada con paneles ecológicos de fibra de celulosa y yeso. “Con estos elementos de aislamiento térmico pasivo”, explican los arquitectos, “sumados a la incorporación de tecnología de energías alternativas (paneles térmico solar), la casa logra una autonomía energética del 70%”.

Con la Casa Manifesto, los arquitectos de james&mau avanzan en la creación de una arquitectura conciente medioambientalmente que no descuida los intereses estéticos que deben ser parte de todo ejercicio de diseño.

Fotografía: Antonio Corcuera. Texto: Carlos Vallejo

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