Operativos en el Eje Cafetero dejan decomiso de 1.264 piezas de guadua

Las acciones de vigilancia ambiental en el Quindío se mantienen activas de manera permanente. La Unidad de Reacción Inmediata Ambiental (URIA) de la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) adelanta atención y control las 24 horas del día frente a denuncias ciudadanas relacionadas con afectaciones a los recursos naturales en el departamento.

En lo corrido del año, los operativos adelantados por la URIA permitieron ordenar la suspensión inmediata de actividades asociadas a intervenciones en guaduales en los municipios de Armenia y Quimbaya, luego de que se identificaran posibles incumplimientos a la normatividad ambiental vigente en el aprovechamiento de este recurso forestal.

Como resultado de estas actuaciones, las autoridades ambientales realizaron el decomiso preventivo de 1.264 piezas de guadua, material que, según los informes preliminares, habría sido extraído sin contar con los permisos exigidos por la legislación ambiental. Los procedimientos fueron puestos en conocimiento de la Subdirección de Regulación y Control de la CRQ, con el fin de garantizar el seguimiento institucional correspondiente.

Los reportes técnicos elaborados tras las intervenciones fueron remitidos a la Oficina Asesora de Procesos Sancionatorios Ambientales de la corporación, dependencia encargada de adelantar las actuaciones administrativas necesarias para establecer eventuales responsabilidades y definir la imposición de sanciones, si a ello hubiere lugar.

Desde la entidad ambiental reiteraron el llamado a la ciudadanía para que continúe denunciando cualquier irregularidad que afecte los ecosistemas del departamento a través de los canales oficiales de la CRQ, como la página web institucional, el correo electrónico y la línea ambiental habilitada 317 367 6658.

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Entre guaduas y paisajes: el río La Vieja, en Quindío, ofrece una experiencia única de turismo de naturaleza

Un recorrido en balsas de guadua que permite descubrir la biodiversidad de esta región.

Balsaje por el Río la Vieja desde la ciudad de Pereira - Cattleya

Colombia es reconocida como uno de los países más biodiversos del mundo gracias a la riqueza natural que se extiende a lo largo de su territorio. Selvas, ríos, cascadas y playas convierten al país en un destino ideal para quienes buscan experiencias de turismo de naturaleza, contacto con el entorno y planes al aire libre.

Uno de esos planes que ha ganado protagonismo entre viajeros nacionales y extranjeros es la navegación por ríos. Ya sea en corrientes fuertes, ideales para el rafting, o en trayectos más tranquilos pensados para la contemplación del paisaje, los ríos colombianos ofrecen escenarios únicos para recorrer y descubrir ecosistemas.

En el municipio de Quimbaya, Quindío, el río La Vieja se convierte en escenario de una de las actividades más representativas del turismo ecológico de la región: el balsaje en guadua. Se trata de un recorrido que se realiza en pequeñas embarcaciones artesanales que avanzan lentamente por los tramos navegables del río, permitiendo a los visitantes disfrutar de los paisajes montañosos y la tranquilidad del entorno.

Durante el trayecto, los viajeros pueden apreciar la riqueza natural del paisaje quindiano, caracterizado por colinas verdes, bosques ribereños y una amplia diversidad de aves y especies silvestres.

Una actividad guiada por saberes locales

El balsaje en el río La Vieja es una actividad recreativa y de observación del paisaje que se desarrolla con el acompañamiento de guías locales, quienes no solo garantizan la seguridad del recorrido, sino que también comparten conocimientos sobre la historia del río, la biodiversidad del territorio y la importancia de la guadua como material ancestral y sostenible.

Diversas agencias de turismo del Quindío ofrecen esta experiencia como parte de sus planes de turismo responsable, integrando prácticas de conservación ambiental, fortalecimiento de la economía local y contemplación de numerosas especies de flora y fauna, varias de ellas en peligro de extinción.

Entre los habitantes más representativos de este ecosistema se encuentra el mono aullador, una especie emblemática de la región que puede ser observada durante el recorrido, junto con aves y otras especies propias del bosque tropical.

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Bacterias golosas, sal y bambú: prometedoras soluciones al problema de los plásticos

Nos rodeamos en ordenadores, botellas, embalajes, muebles, coches, aviones e, incluso, en la mayoría de la ropa que usamos. Su bajo costo y aparente reciclabilidad han hecho que los polímeros –o plásticos– sean omnipresentes. Pero presentan dos grandes problemas.

El primero, que solo los termoplásticos son reciclables y, aún así, menos del 10 % se recicla. Además, después de cada ciclo de reciclado, se degradan sus cadenas, lo que limita su reutilización. El resto acaba en vertederos, ríos y mares .

El segundo es que los plásticos son blandos y se degradan con facilidad, formando microplásticos y nanopartículas que acaban en el agua , el aire y los suelos . También llegan a nuestro organismo y al de otros seres vivos. Incluso, son transportados por las abejas junto al polen .

Apuesta biodegradable

Los materiales que fueron protagonistas del siglo XX ahora resultan que no son “sostenibles”, están generando un problema medioambiental importante y, además, pueden dañar nuestra salud. La buena noticia es que tiene solución.

Para lograrlo, hace falta combinar dos cosas: una legislación que premie la utilización de materiales alternativos y una gran inversión en I+D que permita desarrollar plásticos más reciclables y, sobre todo, biodegradables.

En esta última dirección hay muchas posibilidades. Por ejemplo, polímeros alternativos a los que utilizan derivados del petróleo (que hoy buscar son la mayoría).

Desintegrados en sal

En el RIKEN Center for Emergent Matter Science, en colaboración con la Universidad de Tokio , en Japón, han desarrollado un polímero (aun en fase de investigación) que se desintegra al entrar en contacto con la sal.

Esto permite que, en el agua de mar, el material se disuelva en unas pocas horas. Además de ser no tóxico y resistente al fuego, no libera dióxido de carbono durante su degradación. Aún no ha sido comercializado, pero numerosas empresas, especialmente del sector del empaquetado, se han interesado por él.

Estos nuevos polímeros son tan resistentes como los habitualmente utilizados en el sector. La diferencia es que, al descomponerse de forma natural, sus componentes son biodegradados por bacterias que existen en su entorno y, por tanto, no se acumulan ni forman microplásticos. De igual manera, existen ventas en los suelos, donde también se pueden descomponer.

Bacterias golosas

Por otro lado, un grupo de investigación de la Universidad de Kobe (Japón) ha desarrollado el ácido piridindicarboxílico (PDCA) , un polímero biológico que puede alcanzar las prestaciones de algunos plásticos como el PET, el más utilizado para embotellar agua y refrescos.

Sin embargo, a diferencia del PET, el PDCA es totalmente biodegradable y su origen es la síntesis a partir de bacterias y enzimas. Entre ellas, la bacteria Escherichia coli , alimentada con glucosa para acelerar la producción.

Micrografía electrónica, de baja temperatura, de un cúmulo de bacterias E. coli ampliado cien mil veces. Cada cilindro redondeado es un individuo. Wikimedia Commons. , CC POR

Esta bacteria y su afición por la glucosa protagonizaron otro estudio reciente – publicado en Nature Chemistry – sobre cómo generar biocombustibles de manera natural.

Materiales competitivos

En China, están desarrollando plásticos a partir de la celulosa del bambú . Según un estudio publicado en Nature Communications , mediante el empleo de cartuchos se deshace la red de enlaces de hidrógeno de la celulosa del bambú. A continuación, mediante estimulación molecular ayudada por etanol, se reconstruyen los enlaces de hidrógeno y se consigue un bioplástico con una resistencia mecánica excepcional que, además, se puede fabricar mediante tecnologías convencionales de moldeo por inyección .

Este material supera a la mayoría de los plásticos y bioplásticos comerciales en propiedades mecánicas y termomecánicas. Además, es totalmente biodegradable en el suelo en 50 días. En el estudio también se presenta un análisis técnico y económico que demuestra la competitividad del material en cuanto a costes, lo que permite salvar la brecha entre la sostenibilidad y la escalabilidad industrial.

Microplásticos convertidos en grafeno

Al mismo tiempo, empiezan a aparecer soluciones para los microplásticos. En la universidad James Cook, de Australia, han hecho un estudio donde tratan los microplásicos con una técnica llamada síntesis por plasma en un horno de microondas a presión atmosférica – plasma de microondas a presión atmosférica (APMP)–, para transformarlos en grafeno, un material de alto valor añadido.

Los investigadores de este trabajo aseguran que pueden convertir 30 mg de microplásticos en 5 mg de grafeno en 1 minuto. Esta tecnología es mucho más rápida, funciona a temperaturas mucho más bajas y presenta un consumo de energía menor que las tecnologías más tradicionales, como la pirólisis o la carbonización catalítica .

Así, la transformación eficaz de microplásticos de polietileno procedentes de botellas desechadas en grafeno es una realidad.

Hace falta voluntad política e inversión

Como vemos, existe en el ámbito científico la madurez suficiente para abordar estos problemas con soluciones viables.

Eso sí, es necesaria la voluntad política para poner en marcha programas de I+D que orienten a los grupos de investigación, mediante financiación suficiente, para que se haga realidad el sueño de tener polímeros totalmente reciclables, biodegradables y no contaminantes.

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