El petróleo moderno no inventó nada. China ya extraía gas natural hace 2.000 años y lo transportaba por tuberías de bambú

El petróleo moderno no inventó nada. China ya extraía gas natural hace 2.000 años y lo transportaba por tuberías de bambú – Mil años antes de que se perforara el primer pozo comercial de petróleo en 1859, China ya había desarrollado técnicas de perforación impresionante

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Miguel Jorge – editor

Posiblemente, muchos consideran que la industria petrolera y gasífera moderna, con sus plataformas, pozos profundos, sistemas de bombeo y redes de distribución, es una creación propia del siglo XIX en adelante, una asociada con la industrialización occidental. Y aunque no están del todo equivocados, lo cierto es que ya había una nación que había desarrollado técnicas de perforación, extracción y transporte de recursos energéticos con un nivel de sofisticación simplemente alucinante. Esa nación fue China, y lo hizo mil años antes de que Edwin Drake perforara el primer pozo comercial de petróleo en 1859.

Antes que el crudo. Como decíamos, aunque el imaginario colectivo sitúa el inicio de la explotación de hidrocarburos en la revolución industrial del siglo XIX, la historia demuestra que civilizaciones antiguas ya habían desarrollado técnicas sorprendentemente avanzadas de extracción energética. De hecho, en la provincia china de Sichuan, más de un milenio antes de los primeros pozos comerciales en Estados Unidos o Rusia, comunidades enteras ya perforaban la tierra para obtener salmuera y, más tarde, gas natural.

La búsqueda de sal, vital para la conservación de alimentos y la nutrición humana, llevó a los ingenieros chinos a idear sofisticados sistemas de perforación percutiva, operados con torres de bambú, poleas, plataformas de salto y herramientas metálicas especializadas que recuerdan, en muchos aspectos, a las empleadas en la industria petrolera moderna.

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Diana Isabel Villalba usa el poder de la guadua para unir al pueblo indígena Pijao

Desde el corazón del resguardo indígena San Antonio, en el Tolima, Diana Isabel Villalba lidera un proyecto pionero en forestería comunitaria basado en la guadua. Un proceso que inició con pequeñas iniciativas en 2016, pero que fue oficialmente apoyado en 2018 por el Ministerio de Ambiente y la FAO. Hoy, con más de siete hectáreas de plantaciones, su trabajo y el de su comunidad enfrentan retos y sueños que buscan consolidarse en una ecoempresa sostenible.

Diana Isabel Villalba usa el poder de la guadua para unir al pueblo indígena Pijao | Confidencial Noticias

El nacimiento de una iniciativa

El proyecto de forestería comunitaria con guadua nació como un esfuerzo colectivo por parte de la comunidad del resguardo indígena. En sus inicios, se establecieron seis hectáreas de bosque de guadua con la idea de generar un modelo sostenible de producción que permitiera la conservación ambiental y el desarrollo económico de la comunidad.

Además de la guadua, el proyecto incorporó cultivos de café, plantas medicinales y aromáticas, diseñados para ofrecer beneficios a corto y mediano plazo. De esta manera, mientras la guadua crecía, el café comenzaba a producir, asegurando cierta estabilidad económica para los involucrados.

Para Diana y su equipo, la guadua ha sido más que una planta; ha sido un símbolo de cambio y crecimiento. «Siempre ha estado aquí, pero nunca habíamos hecho un manejo forestal de ella. En este proceso nos dimos cuenta de su importancia dentro de nuestra cosmovisión indígena», explica Diana.

La comunidad recibió apoyo de la FAO y el Ministerio de Ambiente en cuatro etapas. Estas ayudas incluyeron capacitación técnica, asesoría en mercadeo y aportes de insumos esenciales. Sin embargo, la intermitencia en la financiación y la falta de continuidad han sido los mayores desafíos. «Nos apoyaban por tres meses y luego pasábamos largos periodos sin ayuda, lo que nos ha obligado a buscar alternativas para mantener el proyecto a flote», cuenta.

Desafíos y resistencia

El mantenimiento de la guadua es una tarea demandante. Se requiere poda cada tres o cuatro meses y fertilización constante. Sin el apoyo económico suficiente, la comunidad ha tenido que invertir sus propios recursos. En sus inicios, el proyecto contó con 43 personas asociadas, pero debido a las dificultades, hoy solo quedan 14, muchos de ellos con dudas sobre la viabilidad a largo plazo.

«El gran reto es garantizar la sostenibilidad del proyecto», dice Diana. «Ya no contamos con el respaldo de la FAO y dependemos de recursos del resguardo, que cada vez son más limitados». Sin embargo, la determinación de quienes siguen en la asociación es inquebrantable. «Sabemos que este proyecto puede cambiar vidas, generar empleo y consolidar una economía sostenible en nuestra comunidad».

Diana sueña con una ecoempresa que transforme la guadua más allá de la venta de materia prima. «Queremos fabricar artesanías, pisos, paredes, casas prefabricadas, y hasta alimentos derivados de la guadua. La idea es generar empleo para jóvenes y adultos, y demostrar que este recurso puede ser la base de un modelo económico sostenible», expresa.

El café, por su parte, ya está en producción y se han dado los primeros pasos para su transformación y comercialización. La comunidad cuenta con maquinaria para el procesamiento, pero aún enfrenta barreras como los costos de certificaciones necesarias para su venta en mercados más amplios.

Para Diana, la forestería comunitaria va más allá del manejo de los recursos naturales. «Es un tejido de experiencias, de compartir esfuerzos en comunidad, de crecer juntos». A lo largo de estos años, el proyecto ha permitido intercambiar conocimientos con otras comunidades y fortalecer la identidad cultural indígena en torno a la protección del territorio.

A pesar de los desafíos, Diana y su equipo continúan tocando puertas y buscando aliados que los ayuden a seguir adelante. «No queremos que se acaben las ganas, la visión está clara y estamos convencidos de que lo vamos a lograr», concluye.

La comunidad de San Antonio demuestra que la resistencia y el trabajo colectivo pueden transformar el futuro. Diana, como líder, encarna la esperanza de un modelo de desarrollo sostenible donde el bosque y la comunidad crecen juntos.

Confidencial Noticias

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​Habitantes de Génova piden ayuda para reparar puente artesanal afectado

Habitantes de Génova piden ayuda para reparar puente artesanal afectado

El puente es utilizado por estudiantes y adultos, pero representa un peligro por su deterioro.

Los habitantes de Génova solicitaron la reparación del puente artesanal que conecta el área urbana del municipio con la vereda La Rochela, debido a su estado de deterioro que pone en riesgo a quienes lo transitan.

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No obstante, desde la administración municipal informaron que no cuentan con recursos para intervenir la estructura. Según cálculos preliminares, una reparación superficial podría costar hasta $100 millones, por lo que recomendaron a la comunidad usar la carretera terciaria como vía alterna.

El municipio enfrenta varias emergencias estructurales causadas por las fuertes lluvias, las cuales han afectado carreteras y puentes, lo que ha obligado a buscar alternativas para mitigar la situación.

El puente, construido en guadua y madera, se ubica cerca al estadio Municipal. Según denuncias conocidas por La Crónica, el paso es frecuentado por estudiantes y adultos que deben trasladarse desde la vereda.

La creciente de una quebrada que pasa bajo el puente deterioró gravemente la estructura. La intensidad de la corriente en esta temporada de lluvias agrava el riesgo, ya que el paso no cumple con normas básicas de seguridad.

La Crónica consultó a Anderson Villa Téllez, secretario de Planeación de Génova, quien admitió que conocen la problemática, pero aclaró que la falta de presupuesto limita las intervenciones inmediatas.

“Cuando esta administración inició funciones, ya existía una emergencia en la zona. En vigencias anteriores, el río impactó contra el talud del puente, lo que provocó su colapso parcial”, manifestó Villa Téllez.

Añadió que la comunidad, de manera artesanal, instaló un paso en guadua para permitir el tránsito en el sector.

No obstante, el funcionario sostuvo que, debido a la cercanía de la vereda al área urbana, es seguro utilizar la carretera terciaria para evitar riesgos.

“Reconocemos que hace falta adecuar ese puente, pero no se puede afirmar que hay una afectación generalizada a la movilidad. Existen caminos terciarios que permiten la conexión entre Cumaral, La Rochela y el casco urbano de Génova”, explicó el secretario.

Villa Téllez indicó que, si el puente estuviera en óptimas condiciones, el recorrido entre La Rochela y Génova tomaría unos cinco minutos. Actualmente, utilizando la vía alterna, el trayecto dura entre quince y veinte minutos de manera segura.

Presupuesto
Respecto al tema presupuestal, Villa Téllez admitió que el municipio no tiene los fondos suficientes para solucionar de inmediato este tipo de problemáticas.

“Génova maneja un presupuesto limitado que debemos optimizar. Construir un puente en este punto supera la capacidad financiera actual del municipio”, afirmó.

Señaló que la administración debe actuar bajo el principio de equidad, priorizando las intervenciones en comunidades con mayor vulnerabilidad.

Como ejemplo, mencionó que Génova posee más de 250 kilómetros de vías terciarias y que en algunas zonas los niños tardan más de una hora en llegar a sus escuelas, a veces a caballo.

“En la vereda San Juan enfrentamos una emergencia grave: un movimiento en masa bloqueó el paso, y aunque sabemos de la urgencia, no contamos con los recursos para atenderla”, relató.

Villa Téllez reiteró que, si bien existen múltiples necesidades, la inversión pública debe enfocarse en los casos más críticos: “Desde la administración conocemos las realidades más complejas y entendemos que debemos priorizar”, concluyó.

Finalmente, hizo un llamado al gobierno departamental: “Los municipios de la cordillera necesitan con urgencia el apoyo para resolver problemáticas estructurales y garantizar el acceso a servicios públicos básicos”.

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